El año 2026 ha comenzado con un acontecimiento que ha sacudido los cimientos del orden internacional: la extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por fuerzas estadounidenses a solo tres días del Año Nuevo. Esta operación, ejecutada sin autorización del Congreso de EE.UU. ni mandato de Naciones Unidas, no solo marca un antes y un después para Venezuela, sino que también reabre un debate crucial sobre cómo se ejerce el poder global en la era contemporánea.
Más allá de las polémicas legales y éticas, este evento ilustra con crudeza una tendencia creciente: el retorno del realismo ofensivo como marco dominante en las relaciones internacionales. ¿Qué significa esto para el futuro del sistema global? ¿Y qué nos dice sobre la estrategia de Estados Unidos en América Latina?
En este artículo, analizamos los hechos desde la teoría del realismo ofensivo de John Mearsheimer, explorando cinco pilares clave que explican por qué esta operación no fue un acto aislado, sino una manifestación coherente de una lógica estratégica más amplia.
¿Qué es el Realismo Ofensivo y por qué importa en 2026?
El realismo ofensivo es una teoría de relaciones internacionales que sostiene que, en un sistema internacional anárquico (es decir, sin una autoridad supranacional efectiva), los Estados, especialmente las grandes potencias, deben maximizar su poder para garantizar su supervivencia. Según John Mearsheimer, autor de esta corriente, la mejor defensa es a menudo un buen ataque preventivo.
En 2026, con tensiones crecientes entre potencias globales y regionales, esta teoría cobra una vigencia inquietante. La operación que tomó a Maduro no fue impulsiva: fue estratégica, calculada y coherente con los principios del realismo ofensivo.
1. Hegemonía Regional: EE.UU. Reafirma su Control en el Hemisferio Occidental
Uno de los principios centrales del realismo ofensivo es que las grandes potencias buscan dominar su entorno geográfico inmediato para evitar la emergencia de rivales. En este contexto, la operación contra Maduro debe interpretarse como una actualización de la Doctrina Monroe, ahora bajo una versión más agresiva que algunos analistas denominan “Doctrina Donroe” (en alusión a Donald Trump).
La creciente presencia de China y Rusia en Venezuela —país clave por su ubicación y recursos— fue percibida en Washington como una línea roja. La extracción de Maduro no fue solo un cambio de régimen: fue un mensaje geopolítico contundente. El hemisferio occidental sigue siendo, para EE.UU., una zona de influencia exclusiva.
2. Eliminación Preventiva de Amenazas: Actuar Antes de que Sea Demasiado Tarde
El realismo ofensivo rechaza la pasividad. Si un actor tiene el potencial de convertirse en una amenaza futura, lo racional es neutralizarlo antes. Tras más de una década de sanciones, acusaciones de narcotráfico y alianzas con potencias adversarias (como Irán, Rusia y China), EE.UU. concluyó que la diplomacia había fracasado.
La Operación Absolute Resolve no buscaba disuadir: buscaba eliminar de raíz lo que Washington consideraba una amenaza estratégica en su “patio trasero”. En términos realistas, esperar habría sido un error de cálculo geopolítico.
3. Poder sobre Legalidad: El Derecho Internacional Subordinado a la Seguridad Nacional
Desde la perspectiva del realismo ofensivo, el derecho internacional no desaparece, pero se subordina a los intereses de seguridad. La captura de un jefe de Estado en su propio territorio —sin respaldo legal ni cooperación internacional— podría considerarse una violación flagrante del derecho internacional.
Sin embargo, para los defensores de esta lógica, la seguridad nacional prevalece sobre las normas. EE.UU. actuó primero y justificó después. Lejos de ser un accidente, fue una decisión consciente y sin precedentes en la historia moderna, que señala un viraje hacia un orden internacional más pragmático y menos institucionalizado.
4. Control de Recursos Estratégicos: El Petróleo como Arma Geopolítica
El poder no es solo militar: también es económico y energético. Venezuela posee las reservas de petróleo más grandes del mundo, y su infraestructura energética ha sido objeto de interés estratégico durante décadas.
La caída de Maduro abre la puerta a una reconfiguración del sector petrolero venezolano, con fuerte influencia estadounidense. Esto no es mero oportunismo: es una estrategia realista para asegurar la seguridad energética de EE.UU. y debilitar a competidores globales que dependen del crudo venezolano o buscan expandir su influencia en la región.
5. Desconfianza Permanente: La Incertidumbre como Motor de la Acción
Otro pilar del realismo ofensivo es la desconfianza estructural hacia las intenciones de otros Estados. En un mundo donde las promesas no garantizan lealtad, solo las capacidades importan.
Tras años de señales ambiguas y acuerdos incumplidos, Washington optó por dejar de interpretar y actuar sobre certezas. Desde esta óptica, solo un cambio forzado del régimen ofrecía una solución duradera. La fuerza reemplazó a la negociación, no por capricho, sino por cálculo racional de riesgos.
Bienvenidos al 2026: El Nuevo Orden Mundial
La extracción de Nicolás Maduro no solo redefine el futuro de Venezuela. Marca el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales, donde las grandes potencias actúan con menos intermediarios, menos paciencia y menos apego a las normas multilaterales.
El realismo ofensivo no juzga si esto es moralmente correcto. Solo explica por qué sucede. Y en 2026, esa explicación encaja con una precisión inquietante.
La verdadera pregunta ya no es si este enfoque genera controversia, sino si el mundo está preparado para convivir en un sistema donde la fuerza vuelve a ser el argumento decisivo, y donde la estabilidad se construye por imposición, no por consenso.
Mirar este nuevo orden sin ingenuidad no es cinismo: es realismo. Y en 2026, el realismo es la moneda de cambio del poder global.


